viernes, 20 de septiembre de 2013

4 vivencias ingenieriles en fábrica



Un ingeniero químico generalmente aspira al trabajo en fábrica, pero no cualquiera de ellas, sino alguna donde pueda apreciar los logros tecnológicos de la ciencia, como grandes calderas, cañerías, compresores, etc. Y esto es porque existen casos en los que el aprendizaje es, en su mayor medida, teórico, lo cual puede llevar a confundir maquinarias - no todas las facultades poseen plantas piloto bien equipadas y funcionando, eso es algo muy costoso.



Si se tiene la suerte de hallar un puesto laboral en una industria con tecnología de punta, se contará con que ésta deba preparar al profesional específicamente en el rubro al cual va a pertenecer, hasta que el ingeniero se canse y consiga otro trabajo, o se mande una cagada y lo echen. Bueno…no fue, este último, el caso de quien les escribe, aunque sí tuve otro tipo de experiencias y paso a enumerárselas:


1) El burro de carga: Lamentablemente, me han tocado empresas donde el único técnico era yo. Fue una buena oportunidad, porque todo recaía sobre mi persona y, al mismo tiempo, esa era la trampa… todo recaía sobre mi persona. Para que se entienda: en las empresas, uno no posee el tiempo necesario para sentarse a hacer números que requieran mucho cálculo (más de 15 minutos). Las tareas a veces tienen que estar para ayer. Y ahí es donde terminás simplificando las cosas al nivel de tirar números como si estuvieras armando el Prode.


2) El juego del escondite: Existen jornadas en las que das una vuelta por la planta para ver cómo viene el día y no se ve a ningún ser vivo; las máquinas funcionan pero no hay nadie ahí, lo que hace pensar al ingeniero si realmente es feriado o los operarios compraron al por mayor el aparato de Depredador para camuflaje.


3) Esclavo de tu libertad: Llegan y te dicen que, como sos el único capacitado, vas a tener más libertades en la empresa como, por ejemplo, fichar horarios… ¡Error garrafal! Terminás entrando bien temprano para asegurarte de que las máquinas estén funcionando al inicio del turno y te vas más tarde porque, al tener gente a cargo la mayor parte del tiempo, estás resolviendo problemas mundanos relacionados con el armado y disposición de estos grupos de trabajo, y no podés proceder con tranquilidad en asuntos como el armado de la campaña de producción de toda la semana o la compra y control de insumos.


4) El motín: También ocurren situaciones a las cuales no hay que prestarles demasiada atención como, por ejemplo, el intento de intimidación por parte de los empleados, derivado del rechazo hacia el hecho de que una persona joven y sin experiencia (sea o no, ingeniero) sea colocada por encima de ellos. Ellos pueden usar derivaciones varias de frases como: “¿Vos todavía no tenés ni barba y me venís a decir lo que tengo que hacer?”. Pero bueno, es el trabajo que nos ha tocado y sí, hay que ordenar a los demás lo que tienen que hacer, porque de lo contrario, nos quedamos sin laburo y volvemos a ser choferes de taxi en la terminal de ómnibus.


De este tipo de vivencias hay muchas, algunas graciosas, otras no tanto. De cualquier manera, el trabajo en fábrica es entretenido, se opera bajo presión y los problemas dejan de ser técnicos para convertirse en humanos (los más difíciles de resolver). Un profesional me dijo una vez: “Cuando tenés un problema técnico, es una pavada; si no lo resolvés vos, le pagás a alguien para que lo haga, y listo”. Sin embargo, un problema humano, a veces no puede resolverse con esa técnica: nadie puede saber con exactitud cómo conciliar una pelea entre dos personas cuando, mientras una de ellas se fue a pescar, la otra cuidó de su mujer de una manera poco ética...


A los colegas que se encuentran en la industria les digo que tengan huevos; hay que hacer crecer ese sector.


Las calles ya están demasiado llenas de taxistas y remiseros.

Ingeniero Chofer de Taxi

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